La imagen de una Lola Mora joven en una tarjeta postal de 1904, publicada en los “recuerdos” del martes 9 generó el comentario del lector Julio Rodríguez Campos, quien dijo: “los filatelistas conocemos unas cinco tarjetas postales iguales, franqueadas en el Correo Central de Tucumán, firmadas por M. Schmedtje, de quien se desconoce filiación y sospechamos era filatelista por el esmero y la calidad de los franqueos”.
En efecto, se sabe que la escultora había hecho tarjetas postales con su imagen y sus obras tucumanas -los bajorrelieves de la Casa Histórica, la Libertad y el monumento a Juan B. Alberdi- para difundirlas. En la nota “Lola Mora en postales” (17/04/97) Carlos Páez de la Torre (h) muestra una tarjeta donde se ve a la artista joven sonriente, vestida de negro y con sombrero, flanqueada por las estatuas.
Era una gran manera de darse a conocer o promocionarse con una tarjeta personalizada. Cuenta el biógrafo Oscar Félix Haedo (en el libro Vida y obra de la primera escultora argentina) que antes de 1894, mientras estudiaba con Santiago Falcucci, la veinteañera Lola recorría la capital tucumana estudiando sus edificios y “terminaba esos paseos en casa de amigos, donde, al piano, ejecutaba música sobre motivos collas, recogidos en los valles de Trancas”. Y “para cumplir con los pedidos de sus admiradores, Lola se proveyó de fotografías personales en el negocio de Fernando Streich -ubicado en Laprida 100- posando en actitud candorosa; una de esas fotos, obsequiada por el artista Alfredo H. Breñéz, en septiembre de 1894, muestra su belleza juvenil, su mirada altiva y la pose sin afectación, con su firma característica”. El biógrafo se refiere al estudio “Fotografía Artística”, de Fernando Streich, en Laprida 100. No está claro cuántas fotos de la escultora se hicieron ahí pero de su juventud quedaron varias imágenes que no eran sólo retratos sino expresiones artísticas de su atractiva personalidad.
Recuerdos fotográficos: 1894. Las carbonillas de Lola Mora